COMO FUNCIONA
Pocas cosas hay tan frías y tan húmedas como la trufa de un perro. Esta humedad le resulta útil para atrapar la moléculas olorosas suspendidas en el aire y ponerlas en contacto con la membrana olfatoria, alojada en el interior del morro.
En el paladar del perro existe un órgano no especial capaz de saborear determinados olores. Se denomina órgano vomeronasal, y el perro lo utiliza sobre todo para captar fragancias dotadas de significado social, y muy especialmente sexual.
Normalmente, sus dientes castañetearán con suavidad, y, también es posible que le caiga un hilo de baba si está olfateando y saboreando a la vez un aroma.
EL GUSTO
Obviamente, no podemos preguntar a los perros a qué les saben las cosas que comen. Sin embargo, y aunque no cabe duda de que todos los perros son capaces de percibir el sabor amargo, el dulce, el ácido y el salado, tal vez lo más importante para ellos no sean estas distinciones, sino sólo el hecho de que lo que están saboreando les agrade, la experiencia durante la primera época de vida influye enormemente en esto. Parece que los perros que han probado diferentes sabores y texturas de muy jóvenes tienden a aceptar mucho mejor la variedad al llegar a la edad adulta. A algunos perros les encantan los sabores fuertes, como la cebolla y el ajo crudos, por ejemplo, mientras que otros sólo aceptan un sabor determinado y se niegan con insistencia a probar cualquier otro alimento.
COMO FUNCIONA
Los perros poseen un número de papilas gustativas sis veces inferior al nuestro. En su mayor parte, éstas se hallan agrupadas cerca de la punta de la lengua. No obstante, el sentido del gusto y del olfato están tan vinculados en los perros que tal vez éstos reciban más información sobre lo que comen del olfato que del gusto.
Los perros comparten con nosotros la capacidad de asociar los sabores con los problemas de salud. Si un perro enferma después de ingerir un determinado alimento, es probable que rechace éste durante un tiempo. Se trata de un mecanismo de defensa instintivo, destinado a impedir que el perro ingiera sustancias tóxicas de forma continuada.
CELULAS RECEPTORAS
La enorme cantidad de células receptoras presentes en la membrana olfatoria del perro necesita un espacio dónde alojarse, y para ello las diferentes razas caninas han desarrollado morros de distintos tamaños y formas.
En el morro de un Pastor Alemán puede haber hasta 220 millones de células receptoras
Conviene recordar que los humanos poseemos tan sólo unos cinco milllones de células olfativas en total.




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